Viuda e Hijas: Mujeres sin Caretas

Clarin. Buenos Aires, martes 18 de febrero de 1986

Claudia Sinesi, Mavy Díaz, Claudia Ruffinatti y María Gabriela Epumer, Viuda e Hijas de Roque Enroll: “Simplemente -dicen- actuamos como somos: mujeres sin caretas”.

Frívolas a más no poder, pero a conciencia, lúcidas en la intimidad y sus detalles, las integrantes del cuarteto Viuda e Hijas de Roque Enroll viven hoy la novedad de estar primeras en los ránkings de ventas de discos con un producto neorroquero que ha hecho fruncir el ceño a más de un serio a la violeta. En el mundo de hombres en que se mueven, reivindican una visión estrictamente femenina de la realidad, que si es burlona o irónica por momentos -siempre actual- no significa más que una respuesta a tantas injusticias históricas.

Primero, muchos se asustaron con la propuesta, otros se extrañaron. No a todos les quedó claro que en realidad ellas, alegres, estaban burlándose de todos y todo (incluso ellas). Después algunos se animaron, y se divirtieron, sin temor a los roles. Y, a los dimes. Un poco más tarde vino eso que los empresarios llaman éxito: el negocio prosperó: Y empezó la historia actual.

El proceso es simple y arranca cuando cuatro mujeres vinculadas de años a la música se animan a que la broma casera se haga pública, y superándose, por superar pruritos, se dan vida al grupo Viuda e Hijas de Roque Enroll, al fin una etiqueta para desenvolver delirios. En 1984 graban su primer disco.
Si el inicio en la falocracia del rock no fue sencillo, aunque ya no importe, está demasiado atrás, el presente parece esplendoroso cuando de pronto la música empieza a producir cifras y del segundo longplay, Ciudad Catrúnica, se venden tantos ejemplares -setenta mil declarados por la compañía- que enseguida se reedita el primero.

¿Pero qué pasa con “Las Viudas”, que lo suyo, tan pasatista en principio empieza a gustar a los puritanos del ambiente, a los adoradores de los falócratas, a los no asumidos, a los niños? Un estudio de mercado revela ahora que el 40% de su público es ubicable entre los 6 a 12 años, que el 20% está entre los 12 y 15 y que el siguiente segmento importante abarca personas mayores de 35.
“¿Qué pasa con “Las Viudas”? Tal vez que en la Argentina reciente el epicentro de la represión fue la sexualidad, y nosotras sacamos todas las caretas y simplemente actuamos como somos”, analiza Mavy Díaz, primera voz, aprovechando un quedo momentáneo del terceto que la circunda, una noche cualquiera en un bar cualquiera de esa ciudad catrúnica.

La falta de caretas, o mejor dicho, la cara descubierta de cuatro mujeres, tiene perfiles a granel. A veces osadas, a veces infantiles, a veces descaradas, a veces simpáticas, siempre directas, sólo simples en lo aparente, frívolas, Las Viudas -el apócope del nombre es una convención- han ido derribando paredes al por mayor. Aunque nadie tiemble, claro.

Tiene respuestas, tal vez porque las preguntas nada originales de la prensa, casi siempre poco analítica, las entrenaron, o quizás porque aprendieron bien que a tanto acartonamiento se le notan imperfecciones de fábrica apenas se toma la sartén por el mango. Que para eso está.

El periodismo -coinciden- se ha quedado en un análisis superficial del fenómeno que promueven, una especie de fácil aceptación de lo que supone está de moda, porque “vende”.

“Lo que molesta -apunta con palabra veloz Claudia Ruffinatti, tecladista, voz- es el hecho de que tiendan a lograr que te justifiques todo el tiempo.” Es ella la que se desvela por indicar que el grupo tiene un resto musical que en general solo los músicos advirtieron, porque en general ven más allá de las apariencias, que las hay.

Romper el hielo, “que es lo que quisimos”, subraya ahora otra voz, Clauida Sinesi, bajista, fue un paso difícil, pero está dado y ahora, a caballo de estos temas que se bailan y se gozan -“así debería ser la vida”, dijo Ernesto Cardenal- se sabe que “nunca es fácil hacer la música que se quiere”.

Cuando María Gabriela Epumer, guitarrista ideal, voz, arremete saltando por sobre alguna timidez que sus ojos desmienten en tropelía, habla de la obtención de una “marca de estilo” que define al sonido del grupo, en un submundo donde la originalidad es una gema a encontrar.

Mirado desde ese lado, el mundo que dominan (¿dominar?) los hombres a veces da una piedad infinita. Pero no se ponen a mirar con piedad, sino más bien con necesidad. Reiteran, solas, lo de tanto reportaje convencional: “no somos feministas, sino femeninas”. “Nos gustan los muchachos”, amplían…

Si en el rock argentino, donde mimetizarse fue durante años una salvación, el mundo de las mujeres está casi obviado (Mavy recuerda palabras de Charly García al respecto), estas Viuda e Hijas de Roque Enroll necesariamente legendario han empezado a deomostrar, con revival, twist, pop y roll, que no es difícil pasarles el plumero a ciertos anaqueles polvorientos.

“Los pibes son la vanguardia, y no nosotras”, exclaman cuando analizan la realidad de que su éxito mayor es por ahora en un mundo infanto-juvenil cada vez menos inocente. Las Viudas, por distintas, tal vez sean tan imprescindibles para entender -más allá de lo discutible- un sector de la enferma sociedad argentina como Charles Bulowski para dentrarse en los vericuetos del ocaso del sueño americano que en 1955 empezó a intuir una pelvis que el sistema deglutió como Elvis Presley. Saben qué dicen cuando proponen, con un trazo liviano, su ¡larga vida a Roque Enroll!.

Carlos Polimeni

Pagina de las Viudas

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