María Gabriela Epumer Produjo Pasaje La Blanqueada, el Ultimo Disco de su Hermano Lito

clarin.com
Gabriel Senanes
Jueves 26 de diciembre de 1996, Buenos Aires, República Argentina

Ella toca con Charly García y tiene su propia banda. El tocó con Spinetta y hace música instrumental. Provenientes de familia de artistas, los Epumer cuentan la experiencia de grabar juntos.

La cita es en la casa de María Gabriela Epumer. Una vieja casona de departamentos, de esas conocidas como casas chorizo, en plena zona del Abasto. Barrio de tauras y cantores, y con cierta fama de pesado. Un muchachón deposita su apenas cubierta anatomía sobre las baldosas del largo pasillo de entrada. “Disculpame, ¿el primer piso, departamento 10?” Por toda respuesta, un cabezazo indica la dirección correcta. Unos pasos después, su voz verifica: “¿Lo de Gabriela?”. La chica, se ve, es la protegida de sus vecinos. El departamento de María Gabriela Epumer es espacioso, cómodo y bien puesto. Instrumentos, equipos de audio, consolas y otros artefactos vinculados con el arte de combinar sonidos y horarios delatan su vocación y profesión. En torno a un mate, Gabriela y su hermano Lito conversan de un asunto familiar: la música.

Son tres hermanos, los Epumer. “Lito tiene 42, la del medio 39 y yo tengo 33. Nuestra hermana, nada que ver con la música: es jefa de personal. Pero cuando era adolescente, cantaba con nuestra tía, Celeste Carballo, que es la hermana menor de mamá”, informa Gabriela.

“Nuestro abuelo, Juan Epumer, era guitarrista de Agustín Magaldi, y fue profesor de Ubaldo de Lío. El apellido Epumer es de origen indígena, y como no quería que se supiera porque en esa época estaba mal visto, se puso Espumer. Papá tocaba guitarra clásica. La hermana de papá cantaba lírico, y su marido tocaba el violín”, suma Lito. Y completa el sonoro árbol genealógico: “También tenemos primos, como Lucio Maceira, que es un baterista increíble, María Luz Carballo, guitarrista, y Floppy Bernaudo, que canta en Los Twist”.

En lengua ranquel, el apellido Epumer significa dos zorros. En el caso de los hermanos Epumer, un zorro bancó el disco al otro. En efecto, Gabriela produjo el último disco de Lito bautizado Pasaje La Blanqueada en homenaje a la cortada donde está ubicada su sala de ensayo. “Tenía unos pesos guardados, y quise ayudarlo a sacar un nuevo disco”, desliza Gabriela.

En la placa participan viejos amigos de Lito, como el múltiple Mono Fontana -su compinche desde los tiempos de Madre Atómica, allá por 1974-, el bajista Guillermo Vadalá, Luis Alberto Spinetta en guitarra y voz, los bateristas Sebastián Peyceré y Quintino Cinalli, el guitarrista Armando Alonso, entre otros. Y su hermana, claro. En efecto, la productora tocó en un tema de su autoría, llamado precisamente Dos zorros, en dúo de guitarras con su colega y hermano. El resto de las composiciones pertenecen a Lito, y una a Alonso.

“El sonido y la temática del disco es abierta. Es la música que me sale, música instrumental que viene de lados diferentes, con baladas medio tangueras, algunas reminiscencias del folclore y el rock, candombes, en fin, música ecléctica…” Sin embargo, Lito apuntó inicialmente su guitarra hacia otra parte. “Empecé tocando algunas cosas clásicas. Bach, Leo Brower…” En su casa, Lito sigue escuchando música clásica. Y también brasileña, jazz, blues y rock. “Me gustan los músicos que tienen una voz propia. Y eso, aunque estoy en la búsqueda, es lo que yo también persigo”.

“A mí tampoco me gusta encerrarme en un tipo de música, y que sólo me tengan como guitarrista de rock. De hecho empecé tocando jazz, participé en giras de Los gauchos alemanes, el grupo de guitarras de Robert Fripp, y en muchas otras cosas. Me gusta picotear”, apunta Gabriela.

Con respecto a la cocina de su nuevo disco, Lito revela que “estaba todo bastante pautado. Fui eligiendo según mi criterio a los instrumentistas que rendían más de acuerdo con el estilo de cada tema. Por ejemplo, en los candombes y baladas, el baterista es Quintino Cinalli; en los temas donde hace falta más golpe, Sebastián Peyceré. El Flaco es sólo un invitado más. En el disco hay mucho más que la presencia de Spinetta, que es supervaliosa. Pero en mi escala de valores, Luis no es más que el Mono Fontana o Vadalá”, aclara.

Los dos zorros leen música, y alguna vez eso le sirvió a Gabriela para descifrar las partituras que cada tanto le pasa Charly García con sus ideas nuevas.

“Spinetta en cambio nos pasaba los temas tocándolos en la guitarra”, evoca Lito. “Y todo salía fácil, funcionaba, y sonaba”.

Para ambos, la experiencia de tocar con otros y para otros fue un gran aprendizaje, además de un placer. “Cuando tocaba con Spinetta no tenía definido si quería hacer algo mío o no. Y me sirvió mucho tocar con él. Siempre traté de hacer lo que me gustara. Deseché cosas que me hubiesen dado buen dinero y conservar el espíritu rockero. Prefería trabajar con gente del rock que con otro tipo de artistas, como cantantes melódicos”, dice Lito.

Por su parte, Gabriela repasa un currículum que incluye su paso por Rouge, Viudas e Hijas de Roque Enroll, y luego su tía Celeste Carballo y Charly. “Una vez Alejandro Lerner me llamó para hacer cuatro shows, no tenía plata y fui. Me gusta tocar todo tipo de música. Y en todo aprendí… Aparte tengo mi grupo, donde hago mis propias canciones. Es un quinteto que se llama A1, un nombre que le puso Charly. En el verano pensamos grabar”. Se viene el verano.

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