El perfume de las canciones

La guitarrista y cantante concretó un notorio opus 2 solista, versionando a Spinetta, Charly y Melero, entre otras varias delicadezas.

Después de “Señorita corazón”, Epumer encontró en “Perfume” un vehículo ideal para sus canciones.

Por Eduardo Fabregat / Página12.com

En la tapa la mujer está con la cara toda azul. Adentro, la mujer canta un clásico más o menos oculto del rock argentino, y es la última frase del disco: “Ah, te vi entre las luces/ con tu cara toda azul”. Cuando suena esa frase el viaje está terminando, y a esa altura la mujer puede darse el lujo de incluir el tercer cover a modo de homenaje, nunca como gancho: en algo más de una hora ya demostró lo suficiente.

La mujer es María Gabriela Epumer y el disco es Perfume, y la música hace el resto.

Desde aquellos lejanos tiempos de Viuda e Hijas de Roque Enroll, Epumer supo construir un prestigio que hizo olvidar toda artificiosidad pop, y fue colgando medallas en su guitarra. Su primer intento solista, Señorita corazón, ya había dado suficientes pruebas de que era mucho más que aquella chica maquillada y que –posteriormente– “la guitarrista de Charly García”, pero este disco viene además a reconfirmar sus dotes como escritora de canciones.

Vale como muestra la serena melancolía de “Desierto corazón”, una bossa escrita a dúo con el ex Portuaria Christian Basso y cantada con Francisco Bochatón, pero también el aire lúdico de “Tierra mojada” y “Foxtrot”, el vals tecnológico “Angel” o la redondez melódica de “Perfume”, con cuerdas y las guitarras combinadas de Epumer y Fernando Kabusacki para abrir el disco.

Ese recorrido, además, reconoce estaciones ajenas, pero que encuentran un buen vehículo en las versiones de la guitarrista. La primera perla llega con una canción para la que hay que tener –valga la paradoja– muchos cojones para atreverse. Pero el mismo Luis Alberto Spinetta estuvo en el estudio cuando Epumer puso las voces en “Canción para los días de la vida”, una de las piezas más bellas de A 18’ del sol.

En un extremo estilísticamente opuesto, resulta curioso encontrar a Mr. Robert Fripp haciendo la introducción a un tema de Daniel Melero (“Quiero estar entre tus cosas”, en una versión delicadamente bella).

El clásico de La Máquina, quedó dicho, sirve como apropiado cierre, con el mismo García grabando todo en una sola toma.

De cualquier modo, los covers elegidos por María Gabriela son al cabo pinceladas de un disco que se defiende solo, y que encuentra su punto más alto en la oscura “Fuga”, en la que las voces de la guitarrista y Richard Coleman –y el bandoneón de Fernando Samalea– complementan sus colores para una melodía que parece quedar suspendida en el aire, flotando como el más encantador perfume. De eso se trata. Perfume de música.

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