Lito Epumer y el Arte de Hacer Canciones

Domingo 19 de diciembre de 2004

Presentación de “Dos zorros”, de Lito Epumer , en guitarras, Abel Rogantini en piano, Gustavo Liamgot en acordeón y Cristián Judurcha en batería. Músicos invitados; Luis Alberto Spinetta en canto, Pedro Aznar en bajo, contrabajo y voz, y Juan Benítez en guitarra española. En el ND/Ateneo.

Lejos de todo entumecimiento, la música de Lito Epumer refleja una frescura que reúne una inspirada emocionalidad con un paisaje de coloridas armonías. De su mundo como compositor, según pasan sus discos, aflora la melodía y toma cuerpo una consistencia rítmica que se convirtió en uno de sus principales lenguajes.

Epumer dejó atrás ese ánimo de investigación que lo acompañó en buena parte de su carrera para construir con cimientos autóctonos una música que suena genuina, sin impostaciones.

Como si fuese una tendencia en la escena jazzística, un puñado de compositores reflejan hoy su mundo a través de canciones. Epumer deja en evidencia que esa forma es el mejor vehículo para reunir concepto y estructura.

El quinteto (sin bajo) tiene una tímbrica de acabada personalidad. Guitarra, piano, acordeón, batería y percusión siembran una sonoridad singular, de tonos coloridos, dentro de un ensamble de percusión de enorme vitalidad.

El piano tiene la doble función de armar la estructura armónica y darles consistencia a los bajos, mientras que el acordeón es la voz del grupo. Sobre ellos, se sitúa la guitarra de Epumer que por momentos desempeña el papel de un faro melódico y en otros subraya algunas líneas rítmico-armónicas.

El grupo funciona como un colectivo, sin el típico papel de que alguien desempeñe el papel de principal vocero. En rigor, el grupo está conformado por solistas que conjugan un espíritu de individualismo colectivo.

Solos entramados en un contexto de ensamble grupal pareció ser una de las claves del movimiento que tuvo la propuesta de Epumer en la presentación de su disco “Dos zorros”.

Una primera parte donde el grupo mostró solidez y un mensaje cargado de sentimiento dio paso a un final pleno de un lirismo de mood melancólico que comenzó con “Dos zorros”, balada compuesta por María Gabriela Epumer, de melodía sugerida, con Pedro Aznar en el contrabajo y que desembocó con “Princesa cristal”, además de Juan Benítez en guitarra acústica.

El final con Luis Aberto Spinetta fue el momento de mayor emotividad, tanto por lo que significa este músico como por la delicada “Alas de la mañana”, con música del ex Almendra y letra de Aznar.

Su voz de corto registro, pero de una singularísima articulación con una textura que recuerda, por momentos, el cálido timbre del flugelhorn con el que subyugó al auditorio que a esta altura había entrado en un estado de sereno éxtasis.

Sólo cantó mientras se disculpaba por haberse equivocado en la letra del tema. La sensación que genera la actitud artística de Spinetta es que es a la música argentina de los últimos 35 años, lo que Caetano es a la de Brasil, un artista completo que tiene como mérito saber traspasar los auditorios con su emoción.

Epumer, artista de reflejos rápidos, lo invitó simplemente a repetirla, así se hizo y edificaron un final dos veces y fue dos veces muy bueno.

César Pradines

LANACION.com

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