Archive for the Notas Category

Dolorosa despedida

Posted in María Gabriela Epumer, Notas on junio 22, 2008 by nautrus

Miércoles 2 de julio de 2003

Un fan deja una nota para María Gabriela Epumer, ayer, tras el entierro en el cementerio de la Chacarita. Se informó que su muerte se debió a un edema pulmonar.

LANACION.com

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Un impacto que dura

Posted in María Gabriela Epumer, Notas on junio 21, 2008 by nautrus

Domingo 6 de julio de 2003

Dolor y silencio por la muerte de Epumer

El término súbito se refiere a un acontecimiento repentino, precipitado. La muerte, entonces, siempre lo es, sólo que en ocasiones ofrece anuncios de su llegada. Pero a María Gabriela Epumer realmente le llegó de sorpresa.

Mientras se esperan informes más específicos, según lo que hasta ahora indican los resultados médicos, una congestión y un edema pulmonar fueron la causa de su partida. Después, el desconsuelo del mundillo rockero, seguidores y colegas como Charly García -shockeado y enmudecido hasta ahora-, Luis Alberto Spinetta o Fito Páez, quien sólo atinó a decir el jueves último, antes de actuar en Santiago, Chile: “Su muerte ha sido una sorpresa espantosa, realmente me cuesta mucho hablar de eso”. A ellos se sumó el programa CQC, por ejemplo, que le dedicó su última emisión.

Epumer nunca quiso ser diva sino artista.”De chica no fantaseaba con ser una estrella sino con tocar bien la guitarra. Ser la mejor”, decía. Y quizás eso la haya convertido en una música de raza que hace apenas una semana ha puesto de duelo a todo el ambiente rockero.

LANACION.com

“Me Harté de Escuchar Música de Afuera” Lito Epumer

Posted in Lito Epumer, Notas on junio 16, 2008 by nautrus

El guitarrista terminó de grabar Nehuen, su nuevo disco solista. De origen ranquel, cuenta cómo y por qué se acercó al folclore.

Sandra de la Fuente

Guitarrista de perfil bajo, Lito Epumer lleva más de 30 años haciendo música. Desde que en 1975 fundó Madre Atómica junto al Mono Fontana y Pedro Aznar, un grupo que define como “una banda de rock, pero rarísima”, Epumer se acercó a músicos de trayectorias tan diversas como Luis Alberto Spinetta, Lito Vitale, Rubén Rada y Dino Saluzzi.

Seis años después de la edición de su último disco, Paisaje La Blanqueada, Epumer está dispuesto a presentar Nehuen en sociedad. Escaleras arriba, en su casa de Villa Urquiza, Nehuen salta montado en un rebotador, moderno artefacto que cuelga del dintel de una de las puertas de la luminosa cocina comedor; mientras sus piecitos hacen fuerza contra el piso, Nehuen parece reprimir una risita aguda y gutural que estalla junto con el salto y derrama alegría. “Nehuen quiere decir fuerte en lengua ranquel —explica Epumer sin dejar de mirar las acrobacias de su bebé de gigantescos ojos de color azul grisáceo—. Hay un juego con el significado de la palabra: fuerte es el que posee fuerza pero, al mismo tiempo, la palabra puede entenderse como un lugar de contención, vivir dentro de una fortaleza, mirar para adentro”.

Además de ser hermano de María Gabriela Epumer, la guitarrista de Charly García, Lito es sobrino de Celeste Carballo y nieto de Juan Espumer, reconocido guitarrista que acompañó a Agustín Magaldi. “Mi abuelo fue el maestro de Ubaldo De Lio. Era un guitarrista fantástico. Se agregó una ese en el apellido para disimular su origen indígena. A María Gabriela y a mí nos pasa lo contrario: nos gusta hacer ostentación de nuestros orígenes”.

¿Tu abuelo los introdujo en la música?

Lamentablemente no. María Gabriela era muy chica cuando el abuelo se murió. Creo que se hizo rockera porque absorbió mi época de Madre Atómica, esa locura de estar todo el día tocando con los amigos. Conmigo, en cambio, pasó algo muy extraño: yo quería ser jugador de fútbol y jugaba en Argentinos Juniors. Mi abuelo me insistía para que estudiara guitarra, pero yo estaba decidido a pasar mi vida corriendo detrás de una pelota. Pero aunque pasaba muchísimo tiempo con los chicos de la villa jugando al fútbol siempre me gustó la música. No era el típico futbolero: salía de la escuela privada de Villa Devoto y me iba a jugar con esos pibes de los que había que cuidarse porque te dabas vuelta y te afanaban lo que podían. Pero también me gustaba ir a escuchar lo mejor de la música de ese momento: iba al BA rock y a los recitales del Di Tella. Dos años después de que el abuelo se muriera, yo ya tenía 16 años, agarré la guitarra y nunca paré de tocar. Laburé un montón para aprender solito lo que mi abuelo me podría haber enseñado mucho más rápidamente.

Tu carrera parece seguir los caminos de renovación que tomó el jazz: en los 80 estabas cerca del jazz rock y hoy tu nuevo disco te muestra más cerca del folclore, de un jazz regional.

Es cierto, puede verse así, aunque siempre tuve la intención de mirar para acá. En realidad mi carrera empezó con los ritmos nuestros: cuando tenía 21 años Saluzzi me llamó para tocar con él y me enseñó muchísimo sobre folclore. Me costó aprender, pero puse un entusiasmo enorme, pasaba 14 horas diarias tocando. Unos años más tarde conocí el boliche Jazz y Pop y se me abrió otro mundo. Tal vez la regionalización sea una vía para la renovación del jazz, pero la verdad es que lo que a mí me pasó es que me harté de escuchar música de afuera. No puedo separar la música que hago de la sensación de vivir cotidianamente pisoteado por los del Norte. Soy latinoamericano de origen ranquel, o sea que ya me venían embromando desde hace tiempo. Aunque no me gusta mezclar esas cuestiones con el arte, me resulta inevitable tomar una posición.

Pero el jazz es también música del norte.

Sí, pero yo siento que Nehuen tiene poco que ver con el jazz, tal vez queden cosas relacionadas con la improvisación y algunas armonías, algún color. Pero básicamente es un disco que mira para adentro. Me siento muy influenciado por la música de Rada, me gusta lo que hacen los Fattoruso, Raúl Carnota. Estoy buscando que mi música encuentre un punto de madurez, esa condensación de sabiduría que uno escucha en músicos como Atahualpa: sin fuegos artificiales, sólo dos notas de su guitarra alcanzan para traerte el aire del campo.

Clarín.com Sábado 16.11.2002

Lito Epumer y el Arte de Hacer Canciones

Posted in Lito Epumer, Notas on junio 15, 2008 by nautrus

Domingo 19 de diciembre de 2004

Presentación de “Dos zorros”, de Lito Epumer , en guitarras, Abel Rogantini en piano, Gustavo Liamgot en acordeón y Cristián Judurcha en batería. Músicos invitados; Luis Alberto Spinetta en canto, Pedro Aznar en bajo, contrabajo y voz, y Juan Benítez en guitarra española. En el ND/Ateneo.

Lejos de todo entumecimiento, la música de Lito Epumer refleja una frescura que reúne una inspirada emocionalidad con un paisaje de coloridas armonías. De su mundo como compositor, según pasan sus discos, aflora la melodía y toma cuerpo una consistencia rítmica que se convirtió en uno de sus principales lenguajes.

Epumer dejó atrás ese ánimo de investigación que lo acompañó en buena parte de su carrera para construir con cimientos autóctonos una música que suena genuina, sin impostaciones.

Como si fuese una tendencia en la escena jazzística, un puñado de compositores reflejan hoy su mundo a través de canciones. Epumer deja en evidencia que esa forma es el mejor vehículo para reunir concepto y estructura.

El quinteto (sin bajo) tiene una tímbrica de acabada personalidad. Guitarra, piano, acordeón, batería y percusión siembran una sonoridad singular, de tonos coloridos, dentro de un ensamble de percusión de enorme vitalidad.

El piano tiene la doble función de armar la estructura armónica y darles consistencia a los bajos, mientras que el acordeón es la voz del grupo. Sobre ellos, se sitúa la guitarra de Epumer que por momentos desempeña el papel de un faro melódico y en otros subraya algunas líneas rítmico-armónicas.

El grupo funciona como un colectivo, sin el típico papel de que alguien desempeñe el papel de principal vocero. En rigor, el grupo está conformado por solistas que conjugan un espíritu de individualismo colectivo.

Solos entramados en un contexto de ensamble grupal pareció ser una de las claves del movimiento que tuvo la propuesta de Epumer en la presentación de su disco “Dos zorros”.

Una primera parte donde el grupo mostró solidez y un mensaje cargado de sentimiento dio paso a un final pleno de un lirismo de mood melancólico que comenzó con “Dos zorros”, balada compuesta por María Gabriela Epumer, de melodía sugerida, con Pedro Aznar en el contrabajo y que desembocó con “Princesa cristal”, además de Juan Benítez en guitarra acústica.

El final con Luis Aberto Spinetta fue el momento de mayor emotividad, tanto por lo que significa este músico como por la delicada “Alas de la mañana”, con música del ex Almendra y letra de Aznar.

Su voz de corto registro, pero de una singularísima articulación con una textura que recuerda, por momentos, el cálido timbre del flugelhorn con el que subyugó al auditorio que a esta altura había entrado en un estado de sereno éxtasis.

Sólo cantó mientras se disculpaba por haberse equivocado en la letra del tema. La sensación que genera la actitud artística de Spinetta es que es a la música argentina de los últimos 35 años, lo que Caetano es a la de Brasil, un artista completo que tiene como mérito saber traspasar los auditorios con su emoción.

Epumer, artista de reflejos rápidos, lo invitó simplemente a repetirla, así se hizo y edificaron un final dos veces y fue dos veces muy bueno.

César Pradines

LANACION.com

“Dos zorros” de Lito Epumer

Posted in Lito Epumer, Notas on junio 14, 2008 by nautrus

Jueves 16 de diciembre de 2004

“La madurez es un retorno a la simplicidad”

La calle muestra la agitación propia de la cercanía del fin de año. En la plaza Roma, a metros de este diario, un solitario predicador comparte su verde escenario con un rezagado grupo de piqueteros que dejó alguna columna central para retozar bajo los árboles. Los colectivos nos regalan sus estelas de humo caliente y las bocinas de los taxis siguen probando la tolerancia auditiva de los porteños.

El guitarrista Lito Epumer no muestra señales de que ese entorno lo afecte. Viene de actuar en Austria y en Italia, países más ordenados, pero ajenos, y su música es hoy un claro reflejo del espíritu rioplatense, donde ritmo y melodía se suman en una relación amorosa.

Hoy, a las 21, el músico presentará su disco “Dos zorros”, con Abel Rogantini en piano, Gustavo Liamgot en acordeón y voz, Cristian Judurcha en batería y Mario Gusso en percusión, con dos invitados especiales, Luis Alberto Spinetta y Pedro Aznar.

Actuaciones en Viena, Padua y Varese dejaron una excelente opinión sobre la música de este artista que pareció conseguir con su último trabajo una frescura y creatividad. “La madurez es un retorno a la simplicidad”, dijo Epumer sobre “Dos zorros”, un trabajo dedicado a su hermana, la música tristemente fallecida María Gabriela Epumer.

Epumer muestra una serena reflexividad sobre su música. “Mi cambio creo que comenzó con mi paso por el grupo de Rubén Rada, con el que estuve cuatro años”, señala el guitarrista fundador de Madre Atómica y miembro de los grupos de Spinetta.

“Dos zorros” señala una continuidad melódico-conceptual con “Nehuén”. En ambos trabajos florecen las canciones. Con mayor énfasis, el repertorio de Epumer gana en un fresco melodismo, de momentos marcadamente nostálgicos y que edificó a través de un groove colectivo, donde los solos guardan una relación estrecha con el andar rítmico.

Este último trabajo fue de veloz salida. Comenzó en agosto último con el homenaje a su hermana María Gabriela. “Participaron de ese concierto muchos músicos y para esa ocasión compuse «Princesa cristal», que sería el principio de «Dos zorros», un tema de ella que usé como título del álbum. El CD lo grabamos en un mes y tiene una peculiaridad: hay un tema de Spinetta con letra de Pedro Aznar”, añade Epumer, que atraviesa un momento de plenitud artística que se evidencia en una música de impronta emocional. “Hay placidez y dolor en la música. Siento que esta propuesta es mi camino”.

César Pradines

LANACION.com

Ceremonia Sagrada en La Pampa

Posted in María Gabriela Epumer, Notas on junio 11, 2008 by nautrus

La vuelta a su tierra de Mariano Rosas el cacique de los Ranqueles.

Los restos del cacique muerto en 1877 quedaron en un mausoleo, en el paraje de donde habían sido profanados.

Sin funcionarios ni curiosos, rodeados sólo por chañares y pajonales, los descendientes del cacique Mariano Rosas y dirigentes de comunidades ranqueles y mapuches dieron ayer el último adiós a sus restos, que habían sido restituidos el viernes por el Gobierno nacional.

Ya no están las tolderías ni los galopes temerarios que describió el coronel Lucio V. Mansilla en Una excursión a los indios ranqueles. La pampa sigue siendo —a pesar de los alambrados— aplastantemente ancha. Y ajena. Tanto, que los actuales indígenas tienen que reaprender de sus hermanos de la Patagonia cómo recuperar su identidad.

En la medianoche del sábado volvieron a Leuvucó, donde vivió Mariano Rosas hasta su muerte, en 1877, y donde ahora se levanta el pequeño mausoleo que guarda sus restos. Cobijados por el único resplandor de las fogatas para sobrellevar una noche de hielo, esperaron la salida del Sol para celebrar el Año Nuevo Indígena.

En realidad, los pueblos originarios de América lo hicieron el 21 de junio. Pero ante la invitación de los lonkos (caciques) ranqueles para asistir al entierro de quien fue su cacique general, sus pares de comunidades mapuches decidieron compartir la ceremonia.

Desde ayer, el paraje Leuvucó tiene una nueva historia, que condensa las cruzas raciales, religiosas y culturales que se produjeron a partir de la colonización española. A pocos metros del mausoleo donde descansa el cacique ranquel —nacido Panquethruz Güor y bautizado con el padrinazgo de Juan Manuel de Rosas—, los mapuches establecieron un rewe,un lugar sagrado. Pero el tótem levantado en el centro no fue labrado en madera de pehuén, la centenaria araucaria cordillerana, sino en un tronco de caldén.

Sólo brillaba el lucero del alba cuando, a las 7.45, sonó el cuerno de la trutruka (corneta) y unos 70 indígenas inciaron la rogativa. Envueltos en ponchos o frazadas, los hombres dejaron a un lado sombreros y gorros y formaron en hilera mirando al naciente. Detrás se ubicaron las mujeres.

Abstraídos de la helada que mojaba el arenal y convertía los pies en piedras, los lonkos principales hicieron ruegos en idioma mapuzungum a Nguenechén, “el Dios de la gente”. Acompañados por el tambor mapuche, le ofrendaron yerba y saludaron los primeros rayos del Sol alzando los brazos y abriendo los puños.

El despertar bochinchero de los loros barranqueros no llegó a quebrar la solemnidad del ritual. Cuando fue el turno de las mujeres, el cielo iba tiñéndose de rosa y ya se distinguían los rostros labrados, alternando con algunas caras casi europeas, de no ser por el grueso cabello negro.

Entre ellos estaba la cantante de rock María Gabriela Epumer, sobrina tataranieta de Mariano Rosas. “Nuestro bisabuelo, que quedó viviendo en Buenos Aires, era hijo de Epumer, el hermano de Mariano, que lo sucedió a su muerte —contó más tarde—. Siempre quise estar en una rogativa, pero recién ahora tuve la oportunidad”.

Un cacique mapuche agradeció “a los rankülches que permitieron llevar adelante la ceremonia. Cuiden esto —exhortó—: éste es el lugar donde se reunían nuestros antepasados para hacer algún parlamento. Nosotros volveremos a este lugar”.

“Estamos viviendo un momento único en la historia de los pueblos indígenas de la Argentina, y queremos agradecer a los hermanos que nos están acompañando y enseñando —retribuyó el cacique Canoé—. Estamos en el inicio de la recuperación de nuestra identidad y nos hace falta mucha ayuda de ustedes, que han sabido conservarla todo el tiempo. Ahora querría que me acompañaran para dejar en su lugar a nuestro querido jefe, Panquithruz Güor”.

Ana María Domínguez, una de sus sobrinas tataranietas, tomó la urna envuelta en la bandera rankülche y encabezó el círculo en torno del lugar sagrado. Tres notas rugosas de la trutruka rasgaron la niebla, y el cortejo fúnebre rodeó el montículo.

La cajita de madera fue destapada y los parientes se acercaron para despedirse. “Marianito, Marianito”, susurró la anciana Felisa Rosa Pereyra, mientras acariciaba el cráneo que durante más de un siglo estuvo expuesto en el Museo de Ciencias Naturales de La Plata. Llegó a persignarse, y algún dolor inescrutable la aflojó desmayada en brazos de sus familiares.

Quizá no haya sido ése el lugar exacto donde en 1879 el coronel Eduardo Racedo profanó la tumba y tomó la calavera. La tierra arenosa que ayer depositaron sobre la urna sus descendientes sigue siendo la misma. Pero ya no les pertenece.

Comunidad Ranquel Toay.

Lopérfido las Prefiere Famosas

Posted in María Gabriela Epumer, Notas on junio 9, 2008 by nautrus

Las novias de Lopérfido
María Gabriela Epumer fue su pareja desde 1997 hasta octubre de 2000.

Está de novio con la ex modelo y ahora actriz Marina Vollman. Frecuentan circuitos fashion como Las Cañitas y Palermo Viejo. El funcionario agranda su lista de amores conocidos, que integran la actriz Ingrid Pellicori, la rockera María Gabriela Epumer y la periodista Gisela Marziotta. Así es Darío, el playboy del grupo sushi.

Pueden ser sus ojos celestes, su estilo transgresor, su cuota -aunque bien menguada por estos días- de poder. Lo cierto es que Darío Lopérfido (36), actual secretario de Cultura, es todo un playboy. Su nueva novia es la ex modelo Marina Vollman (30). Un mes atrás, el funcionario se irritó cuando GENTE lo descubrió con ella. El sushi boy, al parecer, tiene una condición para elegir a sus chicas, que combinan -en distintas proporciones- belleza e inteligencia: deben ser mediáticas.

La parte conocida de su historia del corazón la inauguró la actriz Ingrid Pellicori, que fue su pareja en la época en que él dirigía el Centro Cultural Ricardo Rojas, usaba pelo largo y vivía en San Telmo. Luego vino un intenso romance con la guitarrista de Charly García, María Gabriela Epumer, a quien siguió una periodista, Gisela Marziotta.

La actriz. Hija de actores, Pellicori trabajó en teatro, cine y televisión. Una actriz completa que supo conquistar el corazón de Darío allá por 1995, antes de convertirse en un personaje con poder. Llegaron a convivir mientras los unió la pasión por la cultura.

La rockera. Lopérfido ya se había vuelto fashion y no se perdía ni uno de sus recitales. Vivieron juntos en Palermo Viejo y frecuentaban Las Cañitas. La pareja de Epumer (36), guitarrista de Charly García, y Darío Lopérfido, entonces flamante hombre de confianza del Presidente, dio que hablar. En octubre pasado, después de posar para la tapa de una revista en la cama, como Lennon y Yoko, pusieron punto final a la relación. El motivo: el trabajo de Darío Lopérfido, que lo absorbía durante largas jornadas.

La intelectual. Gisela Marziotta tiene 27, trabaja en la sección de política de Télam y, junto a Mario Mactas, en ¿Qué hacés a las 12?, por Radio Continental, programa que está a punto de ser levantado. Se conocieron en noviembre del año pasado; ella estaba con Adolfo Castelo en un programa de Canal 7. Enseguida, blanqueó el romance con sus compañeros de Télam para evitar rumores.

La modelo. “Le cayó como una bomba, se enteró que Darío salía con otra por los medios…”, comentan por lo bajo algunos empleados de Télam sobre la ruptura de Marziotta y Lopérfido. Hace un mes, fue dicho, Darío fue pescado in fraganti con Vollman. Por ahora Lopérfido y Marina siguen jugando a las escondidas. El jueves 14 cenaron en Grappa, un restaurante en Palermo Viejo. Lopérfido comió pastas y ella una ensalada tibia. El viernes 15 quisieron tomar algo en El Salvador, donde el arquitecto Sergio Company celebraba su cumpleaños. Ante tantos medios de prensa, Lopérfido le hizo señas a ella para que no bajara del auto.

Si alguien se animó a anticipar que el galán de este gobierno iba a ser Antonio de la Rúa, se equivocó. El golden boy del grupo sushi es fiel a Shakira. A esta altura, su amigo Darío Lopérfido le sacó bastante ventaja.

María Noel Alvarez
fotos: Archivo Atlántida y Newmen
GenteOnline